8 de marzo de 2010

No pele el cobre

¿Cuántas veces al entrar a una oficina, encontrarse personas en un pasillo, subirse al trasporte, entrar a un salón o llegar a una casa saluda sin obtener respuesta? Pues, uno de los símbolos sociales más usados en la historia de la humanidad como es el saludo ha dejado de ser una muestra de educación para convertirse en algo trivial que materializa este rito en gestos, miradas y palabras.

Por eso, para poder entender porque la gente ha dejado de dar esta mínima muestra de educación y buenos modales hay que analizar el entorno. Por ejemplo: Hay empresas en las que el 80 por ciento de los trabajadores tienen formación profesional, especialización y hasta han recibido premios por su trabajo pero parece que la educación se demostrara con la calidad del trabajo y no con la calidad de las personas que pueden ser ofreciendo o respondiendo un saludo. También, hay gente que ocupa cargos de importancia en el nivel jerárquico de la organización y son los que menos saludan, a lo mejor porque al hacerlo pueden perder la omnipotencia del cargo o se rebajarían a los que están en la base de la pirámide de la compañía. Sin embargo, ante este desolador panorama que daría pie a que el resto del personal hiciera lo mismo se pueden contar con los dedos personal de servicios generales como vigilantes, escoltas, aseadoras, jardineros o personal de mantenimiento entre otros que con respeto y alegría saludan no solo a los que están cargados de títulos y buena posición sino a los visitantes que llegan a comprar los productos o servicios que se comercializan para pagarle a los mal educados que les duele la jeta ofrecer un saludo o responderlo.

También, podría ser causa de este inhóspito panorama las relaciones de familia de las que vienen estos seres descorteses que podrían recibir calificativos de bastos, palurdos, guarros, inciviles, ñaños, toscos, ignorantes como para no decirles malcriados, pues, ni Carreño habría podido meterlos en cintura para que tuvieran buenos modales. ¿Qué se podría esperar de un hijo cuyos padres ni se dan los buenos días y cuando van de visita entran como Pedro por su casa metiéndose a la cocina sin pedir permiso y desconocen la importancia de ofrecer un saludo de bienvenida al visitante? Pues, eso mismo que cada día usted observa a su alrededor gente arrogante falta de humildad y de respeto por otros seres humanos que ante los ojos de Dios son iguales y en los que se nota hostilidad y hasta resentimiento hacia las personas.

Otra causa podría ser social, pues hay países en los que un apretón de manos es rechazado al ser considerado antihigiénico y ahora con lo de la gripe porcina no falta el que excusándose en esta pandemia evite responder a un saludo efusivo para evitar ser contagiado, sin embargo, en Japón las personas se saludan con una leve inclinación de cabeza, sin el menor contacto físico, los esquimales se frotan la nariz y los japoneses hacen una reverencia, en Francia, Rusia y algunos países de Oriente donde el roce es mayor se dan tres besos mientras que en España se dan dos y en las sociedades occidentales y algunos países de Latinoamérica se da uno o solo basta con el apretón de manos que es el gesto utilizado con mayor frecuencia para saludar, lógicamente, algunos hombres evitando dar la mano débilmente para no ser asociados con afeminamiento y con fragilidad de carácter. También, puede ser que la persona llegue tarde y para no llamar la atención pase por alto esta formalidad o tenga en su cabeza preocupaciones que le impiden tener un comportamiento social apropiado.

Estas pueden ser algunas de las causas por las que no se saluda y en verdad esta en serios problemas la calidad del servicio que se ofrece con ese comportamiento podríamos ser calificados como presuntuosos, soberbios, altaneros, insolentes, orgullosos, despectivos, engreídos o petulantes y los clientes con seguridad descalificarían esta actitud prefiriendo lugares en los con una mirada y una sonrisa le ofrezcan un saludo de bienvenida.

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