9 de junio de 2019

No te las creas

¿Recuerdas la última vez que mandaste a revelar un rollo de cámara fotográfica y tenías que esperar varios días para ver el resultado? ¿Cuánto tiempo llevas sin que nadie te pida el PIN? ¿Cuántas veces has cargado tu máquina de escribir para hacer una carta o las planas de mecanografía? ¿Cómo fue tu experiencia la última vez que alquilaste una cinta de vídeo y te preocupaste por la multa, pues no la entregaste a tiempo?

Con seguridad estarás pensando en cada una de las históricas escenas que viviste con esos productos propiedad de marcas como: Kodak, BlackBerry, Olivetti o Blockbuster, que hoy ya no existen dando paso a nuevos aparatos caracterizados por acortar cada día su distancia con nuestra existencia. Cada vez, son menos los metros que tenemos que recorrer para revelar una foto, digitar un texto o ver una película; prácticamente, todo está al alcance de nuestros dedos.

Causa curiosidad saber por qué esas marcas subieron hasta las estrellas y en poco tiempo llegaron al ocaso. ¿Cuál será el motivo o razón por la que ahora son parte de la historia? Una de las respuestas podría basarse en la teoría de la “Miopía del marketing” formulada por Theodore Levitt haciendo referencia a que existen marcas que se enfocan en el producto y mejorarlo cada día. Desafortunadamente, cometiendo el error de hacer las cosas de “adentro hacia afuera” en un mercado caracterizado por una exponencial competencia en el que se requiere hacer las cosas de “afuera hacia adentro”.

Otra razón, podría ser que dejan de pedalear, a lo mejor sus grandes arcas llenas de billetes se vuelven una carga demasiado pesada, pues solo quieren atesorar y evitan invertir, olvidando que esa es la única opción para estar a la vanguardia. Así qué, si el líder deja de pedalear, lo más probable es que detrás de él vengan muchas marcas esforzándose un poco más, o con tanta fuerza que cuando pasan por el lado no se siente su presencia. Entonces, ni dejar de pedalear o permanecer estático se convierten en una opción.

Sin embargo, desde mi perspectiva los responsables somos nosotros mismos. ¡Sí! -usted, incluyéndome a mí-, a veces nos aborda un pensamiento de superioridad que hace venia a la teoría evolutiva de Charles Darwin promulgando que sobrevive el más apto. Pero, no necesariamente el más apto es el más competente, porque si el pensamiento de superioridad se destaca, termina siendo víctima del síndrome del producto terminado, denigrando de sus colegas o diciendo aquella frase tan popular por estos tiempos: ¿Usted no sabe quién soy yo?

Una muestra de no creérselas la evidencian algunos conferencistas que reconocen que cuando se lleguen a sentir sobrados lo más probable es que la presentación no colme las expectativas, pues perderían la dosis de nerviosismo que se produce al asumir la responsabilidad de llegar a la mente y el corazón de muchas personas. Caso similar sucede con muchos líderes corporativos o sociales que a simple vista no pareciera ocupar la posición que ostentan porque su humildad los lleva a ser personas con un carisma especial, un carisma que solo produce buena energía.

Aléjese de la sobrades, evite darse ‘porrazos’, disfrute diariamente de aprender porque todas las personas tienen algo que enseñarle, asuma con humildad los retos, el ego nos aleja de las personas y nos roba la oportunidad de experimentar, dese el verdadero gusto de vivir. ¡Vive y no te las creas!

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