Disruptiva la estrategia y muy efectiva, pues, los objetos se recuperan
rápidamente y los clientes viven una especial experiencia de servicio. Ahora,
antes de continuar la lectura piense, ¿Cómo reaccionaría si uno de sus
colaboradores le planeta lo siguiente: “queremos lograr una experiencia inolvidable
en el cliente y vamos a entrenar un perro para olfatee los objetos que los
pasajeros dejan en el avión, una vez, identifique el aroma, correrá por el
aeropuerto en su búsqueda”.
Cuando presento este caso en mis conferencias a la mayoría de los asistentes
les da risa y dicen: “eso es porque les sobra la plata”, unos cuantos, dicen
“que genialidad”, sin embargo, vuelvo y les pregunto ¿y ustedes implementarían
esa estrategia en su empresa? A lo que responden al unísono “claro que no”. Ahora,
si les parece tan buena ¿por qué no responden positivamente?, ¿a qué le temen?
¿o es que eso de pensar fuera de la caja, o utilizar el pensamiento lateral o
los 6 sombreros para pensar, que con seguridad estudiaron en la universidad,
fueron solo insumos para una asignatura que no tiene aplicación práctica?, ¿o
es que están disfrutando del statu quo, pensando convergentemente, para evitar
perturbar la armonía de su monótona cotidianidad?
Ahora, ser innovador, en un ambiente tradicional en el que predomina el
pensamiento convergente, ese, que predicaba Joy Paul Guilford, no se requiere
significativamente de creatividad, pues, es mejor ser lógico, convencional y
racional, es bastante complejo. Sin embargo, en muchas empresas los que piensan
divergentemente son muy pocos, y a lo mejor su vestuario, comportamientos y
conceptos distan mucho del tradicional ejecutivo, y por esa sencilla razón, son
tildados de incompetentes o faltos de seriedad por sus ideas.
Otro riesgo para la innovación, es un ambiente corporativo que llega a sumergir las buenas ideas en el olvido, porque al que se le ocurra una idea diferente, le da, literalmente, “pena”, pues, evita correr el riesgo de ser el hazme reír de sus compañeros. Y el último, y más poderoso riesgo, es contarle la idea disruptiva a quien ocupa una posición jerárquica superior que la archiva porque ¿Cómo va a ser posible, que un subordinado tenga una mejor idea?, la verdad, este último riesgo es el más peligroso, pues, coarta a futuro la creatividad.
Lo invito a vencer la pena, a asumir el riesgo, haga parte del ejercito de ejecutivos divergentes que son los que tienen la facultad de transformar las organizaciones, y revivamos en sentir de Peter Drucker, el genio de la estrategia, quien sentenció un axioma que dice: “Una empresa tiene dos, solo dos, funciones básicas: el marketing y la innovación”.
Otro riesgo para la innovación, es un ambiente corporativo que llega a sumergir las buenas ideas en el olvido, porque al que se le ocurra una idea diferente, le da, literalmente, “pena”, pues, evita correr el riesgo de ser el hazme reír de sus compañeros. Y el último, y más poderoso riesgo, es contarle la idea disruptiva a quien ocupa una posición jerárquica superior que la archiva porque ¿Cómo va a ser posible, que un subordinado tenga una mejor idea?, la verdad, este último riesgo es el más peligroso, pues, coarta a futuro la creatividad.
Lo invito a vencer la pena, a asumir el riesgo, haga parte del ejercito de ejecutivos divergentes que son los que tienen la facultad de transformar las organizaciones, y revivamos en sentir de Peter Drucker, el genio de la estrategia, quien sentenció un axioma que dice: “Una empresa tiene dos, solo dos, funciones básicas: el marketing y la innovación”.

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