29 de julio de 2019

¿Aportas valor?

¿Te has puesto a pensar cuántas de las tareas que haces a diario aportan valor a la organización para la que trabajas? ¿Cuánto tiempo dedicas a analizar el entorno e identificar señales que permitan ajustar la estrategia, llegando a anticiparse a las demandas emergentes del mercado?

Lo más probable es que las respuestas no sean muy motivadoras porque, el día a día, ese que está cargado de atender requerimientos del sistema de gestión, aprobar cuanto documento se pueda para generar una respuesta, y hasta, decidir el color, sabor o diseño de un producto, limitan esta capacidad de aportar valor, y menos, aún, si esa operatividad no da tiempo para pensar, porque solo queda tiempo para hacer, en ese orden de ideas, no existe ninguna posibilidad de identificar señales de mercado, que con seguridad, sí son visualizadas por los competidores, quienes se llevan una buena tajada de participación.

Curiosamente, esta situación que se sale de todo contexto académico, en el que todos los teóricos coinciden que debe prevalecer la planeación como herramienta fundamental del proceso gerencial, presenta una realidad contraria, pues, la mayoría de ejecutivos destina más de 80% de su tiempo a la operatividad descuidando frentes como el de planeación, innovación, o aún más importante, el de inspirar a los colaboradores en la búsqueda de un objetivo común, estas, son señales de alerta para redireccionar el trabajo que poco valor aporta a la empresa enfocándose en las tareas que, verdaderamente, son estratégicas.

Caer en esta crónica patología es una situación que para nada favorece al cliente, y menos, la sostenibilidad financiera de la empresa, pues, el mercado evoluciona exponencialmente y las empresas involucionan vertiginosamente. Por eso, no es raro encontrar marcas que superan el punto de equilibrio creciendo hasta el infinito, pero, por sufrir de este mal corporativo, empiezan a perder participación, posicionamiento, y peor aún, la gente las deja de querer lo que garantiza que se deba pagar un réquiem anticipado por la marca.

Sin embargo, hay organizaciones que se resisten a caer en esta situación y han empezado a automatizar tareas repetitivas mediante programas informáticos con componentes de inteligencia artificial, business Intelligence, Blockchain, entre otras, para dedicar tiempo a lo verdaderamente importante, evitando que un ejecutivo salga muy costoso, sencillamente, porque hace tareas que no aportan valor. Esa es la empresa inteligente que logrará adaptarse a un entorno competitivo y mantenerse vigente en los años venideros.

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