Recuerdo que luego
de promover el SASOSER a un grupo de empresarios antioqueños, junto con mi
esposa, nos regalamos la función 1.000 del espectáculo que creó un océano azul conquistando
el mercado con su desafiante pensamiento divergente, en la tradicional, industria
del circo. 52 artistas que, por primera visitaban Colombia, provenientes de 14
países, presentaron un colorido ecosistema de fantasía en el que simulando ser
insectos realizaron un acto que nos tuvo, por cerca de dos horas, viviendo una
experiencia inolvidable y se convirtió en un poderoso insumo para redactar esta
publicación.
Para iniciar,
tres reflexiones del espectáculo. Ninguna empresa logra ser exitosa de un día
para otro, requiere no solo de un gran soñador como fue los fue Disney, Steve Jobs
o Richard Branson, entre otros, sino de la perseverancia de sus líderes. Eso de
que “me vuelvo empresario para no tener que trabajar” es un fatídico error,
pues, hoy la gestión de una empresa se mide por su trabajo sino por la trascendencia
global. La segunda, tiene que ver con la palabra “valor” para el cliente, pues,
si cuando paga la percepción de valor de la marca, es baja, todo lo que compre,
siempre, le parecerá costoso, pero si esa percepción es contraria, con
seguridad el precio nunca será una barrera para la compra, tal como sucede con
las funciones del circo en mención, un viaje al mágico mundo de Disney, o, una
cena en el restaurante del Señor Jaramillo, lugares donde los visitantes no
escatiman en el costo. Y la última, no siendo menos importante, tiene que ver
con quienes trabajan en ese maravilloso espectáculo.
Ser parte de este
circo requiere de un exhaustivo proceso de selección, es más, son ellos los que
buscan el talento, sí, talento, del latín “talentum” que significa: moneda de
cuenta o unidad de peso, es decir, la medida que hace diferente a la gente, en
pocas palabras, el principal ingrediente para diferenciar una empresa, de esa
manera, evitan colaboradores que practiquen el presentismo o lleguen por simple
escampadero laboral. Una vez superada esta etapa inician los entrenamientos
entorno a un propósito común “dejar una huella inolvidable en los asistentes”.
Para lograrlo,
no necesitan en el escenario a nadie dando órdenes, porque los que realmente
brillan, son los artistas, quienes reciben los aplausos del público, muy
similar a las empresas latinoamericanas, en las que los aplausos los reciben
quienes, según la mitología griega, están en el Olimpo. Ahora, para rebosar la
copa, hay unos actos en los que, literalmente, cada artista deja en manos de un
compañero su vida confiado en que las horas de entrenamiento eviten que se
cometa un error fatal, curiosamente, en algunas empresas, muy pocos
arriesgarían su vida por el otro, y si algún directivo les invitará a combatir
a su lado en la guerra, muchos, con seguridad, le desearían lo mejor.
Todo esto sin
mencionar competencias como: orientación al logro, pasión o creatividad, entre
otras, que serán siempre las que permitan a una empresa convertir lo básico en un
espectáculo sublime para el cliente, y ahí es donde, precisamente, esta la
diferencia.

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