27 de abril de 2020

Empresas de “Soleil”



Recuerdo que luego de promover el SASOSER a un grupo de empresarios antioqueños, junto con mi esposa, nos regalamos la función 1.000 del espectáculo que creó un océano azul conquistando el mercado con su desafiante pensamiento divergente, en la tradicional, industria del circo. 52 artistas que, por primera visitaban Colombia, provenientes de 14 países, presentaron un colorido ecosistema de fantasía en el que simulando ser insectos realizaron un acto que nos tuvo, por cerca de dos horas, viviendo una experiencia inolvidable y se convirtió en un poderoso insumo para redactar esta publicación.

Para iniciar, tres reflexiones del espectáculo. Ninguna empresa logra ser exitosa de un día para otro, requiere no solo de un gran soñador como fue los fue Disney, Steve Jobs o Richard Branson, entre otros, sino de la perseverancia de sus líderes. Eso de que “me vuelvo empresario para no tener que trabajar” es un fatídico error, pues, hoy la gestión de una empresa se mide por su trabajo sino por la trascendencia global. La segunda, tiene que ver con la palabra “valor” para el cliente, pues, si cuando paga la percepción de valor de la marca, es baja, todo lo que compre, siempre, le parecerá costoso, pero si esa percepción es contraria, con seguridad el precio nunca será una barrera para la compra, tal como sucede con las funciones del circo en mención, un viaje al mágico mundo de Disney, o, una cena en el restaurante del Señor Jaramillo, lugares donde los visitantes no escatiman en el costo. Y la última, no siendo menos importante, tiene que ver con quienes trabajan en ese maravilloso espectáculo.

Ser parte de este circo requiere de un exhaustivo proceso de selección, es más, son ellos los que buscan el talento, sí, talento, del latín “talentum” que significa: moneda de cuenta o unidad de peso, es decir, la medida que hace diferente a la gente, en pocas palabras, el principal ingrediente para diferenciar una empresa, de esa manera, evitan colaboradores que practiquen el presentismo o lleguen por simple escampadero laboral. Una vez superada esta etapa inician los entrenamientos entorno a un propósito común “dejar una huella inolvidable en los asistentes”.

Para lograrlo, no necesitan en el escenario a nadie dando órdenes, porque los que realmente brillan, son los artistas, quienes reciben los aplausos del público, muy similar a las empresas latinoamericanas, en las que los aplausos los reciben quienes, según la mitología griega, están en el Olimpo. Ahora, para rebosar la copa, hay unos actos en los que, literalmente, cada artista deja en manos de un compañero su vida confiado en que las horas de entrenamiento eviten que se cometa un error fatal, curiosamente, en algunas empresas, muy pocos arriesgarían su vida por el otro, y si algún directivo les invitará a combatir a su lado en la guerra, muchos, con seguridad, le desearían lo mejor.

Todo esto sin mencionar competencias como: orientación al logro, pasión o creatividad, entre otras, que serán siempre las que permitan a una empresa convertir lo básico en un espectáculo sublime para el cliente, y ahí es donde, precisamente, esta la diferencia.

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