23 de abril de 2020

Creativisapines



¿Recuerda esta mañana cuando empezó a preparar el vestuario de hoy?, con seguridad pensó, ¿qué me pongo? y, por su mente, pasaron en fracciones de segundos algunas de las actividades que realizaría, y con base en esa rutina, tomo la decisión de seleccionar y combinar las prendas que usaría para ir a trabajar, estudiar o viajar, durante el día. Algo similar le sucedió camino al trabajo, universidad o a esa reunión importante, pensando que camino debería tomar, lógicamente, sin la ayuda del asistente virtual o aplicación de su teléfono para crear en su mente la ruta más rápida para llegar a su destino.

Estas dos actividades, por solo mencionar algunas, desmitifican el pensamiento de que ser creativo esta siempre asociado a personas poseídas por algún don mágico, con capacidades superiores o que son pintores, poetas o diseñadores, entre otros, en pocas palabras, a quienes practican algún arte. Así que libérese de ese paradigma porque en realidad todos somos creativos, si lo duda, recuerde que nuestros antepasados cavernícolas, de acuerdo a datos con más de 40.000 años de antigüedad, realizaban pinturas rupestres, palabra que proviene del latín “rupestris” del que se deriva “rupes” o roca, que es sinónimo de primitivo, dibujando sobre las paredes de las cavernas la representación de sus actividades diarias.

Ahora, acelerando el paso del tiempo, recuerde su infancia, o la de sus hijos, sobrinos o nietos para evidenciar la capacidad que tenían de hacer volar un juguete convirtiéndolo en súper héroe, caminar sobre la cuerda floja, en medio de las justas del piso de cerámica, o inventar un mundo de princesas o dragones utilizando la imaginación. Sin embargo, esas actividades naturales, con el paso del tiempo se cargaron de prejuicios, como si por cada año cumplido, la sociedad penalizará al soñador tildándolo de inmaduro, porque se atreve a pensar aún como niño, siendo hoy, ese recurso, el que dominará la innovación para llevarla a la dimensión desconocida.

Le invito a poner a prueba esa capacidad y comprobar por su cuenta esa maravillosa habilidad. Cierre sus ojos e imagine que en sus manos tiene un gancho clip, o, mejor si lo puede tener ahora mismo, y atrévase a darle otras utilidades diferentes a la de prensar documentos. Listo. A lo mejor, serviría para hacer con una liga una cauchera, sujetar el cierre del botón del pantalón para que este no se baje, sacar la tarjeta SIM de su teléfono, entre otras. Este ejercicio, evidencia la capacidad humana de solucionar problemas, tan simples, como evitar que el cierre de la cremallera se baje hasta proponer alternativas a los problemas más grandes de la humanidad.

Estamos a tiempo de desbloquear esos paradigmas, especialmente, en las grandes corporaciones que ahora se enfrentan a exitosos modelos empresariales sin niveles jerárquicos, grandes activos, inventarios o procesos, poniendo en riesgo la sostenibilidad de esas estructuras. Regálese todos los días unos minutos para soñar, especialmente, desde la óptica del cliente y verá los resultados.   

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