¿Recuerda esta
mañana cuando empezó a preparar el vestuario de hoy?, con seguridad pensó, ¿qué
me pongo? y, por su mente, pasaron en fracciones de segundos algunas de las
actividades que realizaría, y con base en esa rutina, tomo la decisión de
seleccionar y combinar las prendas que usaría para ir a trabajar, estudiar o
viajar, durante el día. Algo similar le sucedió camino al trabajo, universidad
o a esa reunión importante, pensando que camino debería tomar, lógicamente, sin
la ayuda del asistente virtual o aplicación de su teléfono para crear en su
mente la ruta más rápida para llegar a su destino.
Estas dos
actividades, por solo mencionar algunas, desmitifican el pensamiento de que ser
creativo esta siempre asociado a personas poseídas por algún don mágico, con
capacidades superiores o que son pintores, poetas o diseñadores, entre otros,
en pocas palabras, a quienes practican algún arte. Así que libérese de ese
paradigma porque en realidad todos somos creativos, si lo duda, recuerde que
nuestros antepasados cavernícolas, de acuerdo a datos con más de 40.000 años de
antigüedad, realizaban pinturas rupestres, palabra que proviene del latín
“rupestris” del que se deriva “rupes” o roca, que es sinónimo de primitivo,
dibujando sobre las paredes de las cavernas la representación de sus
actividades diarias.
Ahora,
acelerando el paso del tiempo, recuerde su infancia, o la de sus hijos,
sobrinos o nietos para evidenciar la capacidad que tenían de hacer volar un juguete
convirtiéndolo en súper héroe, caminar sobre la cuerda floja, en medio de las
justas del piso de cerámica, o inventar un mundo de princesas o dragones
utilizando la imaginación. Sin embargo, esas actividades naturales, con el paso
del tiempo se cargaron de prejuicios, como si por cada año cumplido, la
sociedad penalizará al soñador tildándolo de inmaduro, porque se atreve a
pensar aún como niño, siendo hoy, ese recurso, el que dominará la innovación para
llevarla a la dimensión desconocida.
Le invito a
poner a prueba esa capacidad y comprobar por su cuenta esa maravillosa
habilidad. Cierre sus ojos e imagine que en sus manos tiene un gancho clip, o,
mejor si lo puede tener ahora mismo, y atrévase a darle otras utilidades
diferentes a la de prensar documentos. Listo. A lo mejor, serviría para hacer
con una liga una cauchera, sujetar el cierre del botón del pantalón para que
este no se baje, sacar la tarjeta SIM de su teléfono, entre otras. Este
ejercicio, evidencia la capacidad humana de solucionar problemas, tan simples,
como evitar que el cierre de la cremallera se baje hasta proponer alternativas
a los problemas más grandes de la humanidad.
Estamos a
tiempo de desbloquear esos paradigmas, especialmente, en las grandes
corporaciones que ahora se enfrentan a exitosos modelos empresariales sin
niveles jerárquicos, grandes activos, inventarios o procesos, poniendo en riesgo
la sostenibilidad de esas estructuras. Regálese todos los días unos minutos
para soñar, especialmente, desde la óptica del cliente y verá los
resultados.

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