25 de enero de 2009

¿Cuál regáleme?

Conocedor de la importancia de vendernos a diario en la presentación personal, la expresión corporal y verbal, en especial de las palabras que decimos, lo invito a erradicar una palabra que se adueñó de nuestro vocabulario, porque las palabras que usamos clientes y servidores es curioso. Recuerdo que el año pasado escribí un artículo con 30 palabras de cómo le decimos al cliente y al segundo domingo adicioné otras 30, y algunas frases curiosas, y comenzando el año, estaba preparando una conferencia para uno de mis clientes y me puse a sumar el resto de las palabras que los participantes me comparten en cada charla en la que toco este tema y van 83 palabras, todas, propias la “indiosincracia” local.

Pero analizando detenidamente parte de las conversaciones, entre unos y otros, rescaté una que es otra perla como la costumbre de preguntar “¿no sabe qué hora es?” o “¿no tiene mil pesos que me preste?”. Esa parece ser una tara mental generalizada entre nosotros, pues, no se sabe si están afirmando o negando, usted qué cree. Ante este análisis decidí luchar este año contra la palabra “regáleme”, ¿cuál regáleme? Acaso, usted va a una tienda a que le regalen o a que le vendan; usted visita el médico para que le dé una fórmula para los medicamentos o para qué le regale una fórmula mágica para curar las dolencias.

Pero, pedimos regalos a toda hora. A continuación algunas de esas peticiones. Regáleme la hora, regáleme $1.000, regáleme un vasito de agua, regáleme las vueltas, regáleme una llamada, regáleme una hoja, regáleme un espacio, regáleme una muestra, regáleme un correo electrónico, regáleme el número de su teléfono celular, regáleme una hamburguesa con gaseosa, regáleme un favor y regáleme un minuto, lo que es cierto porque nunca se lo pagan; además, muchos de los que hacen esto tienen un equipo de gama alta, pero carecen de minutos.

Podría ser influencia del hermano país, podría ser costumbre de años atrás o parte de la jerga popular, pero deberíamos llamar las cosas por su nombre y empezar a cambiar esta costumbre. Por eso, haga parte de la cruzada contra el “regáleme” y marque la diferencia. Aún está a tiempo
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